jueves, 21 de junio de 2007

martes, 19 de junio de 2007

No es que quiera decir que no a mi alma
pero es que ya van siendo demasiadas cosas tristes.
Volver a amar me trae un raro recuerdo
de poesías de amor y de noches grises.

No es que quiera decir que no al silencio
pero es que creo oír lo que el silencio dice.
Es que creo que hay algo en estas noches
que en la oscuridad de los latidos se repite.

No es que quiera decir que no a los sueños.
No es que quiera olvidar que un día quise.
Porque sé que quise y acepté que se acabara
y no me arrepiento de nada de lo que hice.

No es que quiera decir que no por ella,
pero el olvido y el corazón nunca coinciden,
y esta noche quería hablar de amor
sin acabar como siempre escribiendo cosas tristes.

Y por eso le quiero decir que no a mi alma.
No porque esta noche ya no la necesite,
sino porque a veces me gustaría poder amar
y escribir a la vez cosas felices.

¿Cuántas estrellas?

¿Cuántas estrellas caben en el cielo
en las noches que paso a solas?
A ti como nunca te importaron esas cosas...

¡Cuántas estrellas me dejaste
en mi ventana rotas
como quien le da a un niño un caramelo
para que no abra la boca...!

Caben demasiadas estrellas en el cielo,
caben demasiadas cosas,
demasiados recuerdos esparcidos por la noche,
demasiados pétalos de rosa.

Caben demasiadas palabras con sentido,
demasiadas imágenes borrosas
y miles de corazones para ti...
pero a ti nunca te importaron esas cosas.

¿Cuántas estrellas caben en el cielo
en las noches silenciosas?
Las contaría una a una
si las pudiera contar todas,
si no fuera una tontería
porque a ti esas cosas no te importan.

viernes, 15 de junio de 2007

No me han hecho las piedras de recuerdos
ni me han dado su piel para que llore.
No me dieron su vida de silencio
para que yo me calle
y nunca me enamore.

No le dieron su amor al movimiento
para escapar a un mundo sin colores
ni para ser el sol que está en el cielo
y se queda sentado
lejos de las flores.

No, no me dieron su sangre de desiertos
ni una vida enterrada en los temores.
No me han hecho las piedras de recuerdos.
Me han hecho de promesas
y de amores.

miércoles, 13 de junio de 2007

Lo siento pero no puedo evitar ser poeta.
Por mucho que me calle se me escapan los versos
como se escapa el aire de un globo o de una rueda.

domingo, 10 de junio de 2007

¡Enamórate, rosa!
Ya estoy enamorada.
Si en verdad lo estuvieras,
no estarías tan blanca.

Yo he visto rosas rojas
amantes del amor
y por enamoradas
ése era su color.

¡Ay! No me digas eso,
que yo por el amor
me puse así de blanca,
pues di hasta mi color.
No debí haberte escrito de amor tantas poesías.
El eco de sus lágrimas retumba aún en mi alma.

Si no hubiera cantado las noches en tu ausencia
hoy no me acordaría de que un día te amaba.

Lo sé, se fueron muchas, muchas que deberían
haberte camuflado en un amor de esperanza.

Pero yo ya no espero ni volver a tenerte
aunque una vez fuiste todo lo que esperaba.

Para no haber perdido mi corazón por siempre,
no debí haberte dado mi amor en mis palabras.

Y no debí volver a leerlas una noche
con el alma indefensa y el de eco de las lágrimas.

Es tu mano la mano que me dan otras chicas,
son tus ojos los ojos detrás de sus miradas.

Es tu voz el susurro que vuela y me estremece
cuando otras al oído dulcemente me hablan.

Y estás en mis poesías y estás en mis recuerdos
y estás en las sonrisas que veo en todas las caras.

En mi cama, despierto, te vigilo, dormido,
te sueño y aún hay alguien que tira de las sábanas.

No debí haberte escrito de amor esas poesías.
No creí que el amor como los sueños se acaba.

No pensé que no sólo acabaría contigo
sino que para siempre con todas se acababa.

Y ya porque te amé no puedo volver a amarte
ni puedo amar a las demás, porque te amaba.

el antiguo poeta

Salió el poeta al fin de su madriguera
con los ojos ardiendo de poesía.
Buscó a los otros.
Nadie respondía a aquellos nombres.
Se le derramaron en la mano los versos que traía,
como agua en la arena,
como ruido en la melodía.
Cruzó las calles que rimaban
y aquellas que habían perdido la rima en las
[alcantarillas
Se fueron enfriando los caminos de sus ojos,
la melancolía.
Le secaron la lengua las palabras del polvo,
la triste decepción del que no entiende la poesía.
Cantó en las escasas farolas
que aún conservaban encendidas sus bombillas.
Pero no volvió
a la madriguera
ni a escribir en aquel cuaderno de lo que él había
[llamado poesía
No volvió a firmar en verso
y tiró en cada papelera
como los trozos de una tarjeta de crédito,
cada una de sus rimas
Y siguió para siempre recorriendo calles,
asumiendo lo que había,
asumiendo que después de todo los poetas eran
[otros
y no era poesía
lo que por las noches con estúpidas y ridículas
[palabras
en hojas demasiado blancas escribía.
¿Por qué lloras? No hay nada que no pase.
Acabarás cambiando ese dolor por un beso.
Acabarán brillando las estrellas. No llores.
Desde allí te saludan las almas que murieron.

El amor no se acaba. Era mentira.
Lo único que se acaba son los cuerpos.
Pero a la noche no le importa, sigue apagando
todos los días, para que te quieran, el cielo.

¿Por qué lloras? Hay cosas que no vuelven,
pero mira a esa viuda sonriendo.
Se puso en las heridas de la muerte
tiritas de recuerdos.

Lo sé. Hay muchas veces que es terrible
vivir ciertos momentos
y no hay rincón del alma que no hayas recorrido
para buscar un poco de consuelo.

¿Por qué lloras? ¿No ves nada que tenga
un poco de sentido para ti, un destello
de esperanza en la vida al que agarrarte,
algún verso de amor, de esos que paran el tiempo?

Sí. ¿Para qué parar el tiempo ahora
si lo mejor es que siga corriendo?
Te digo que la vida da sorpresas
y todo lo que quita lo acaba reponiendo.

¿Por qué lloras? Verás qué pronto te llama un ángel
y te cumple un deseo.
Verás qué pronto llega una mirada
y se posa en alguno de tus sueños.

Lo ves. Ya son suspiros las lágrimas de antes.
Pronto serán bellísimos recuerdos.
Y luego acabarán siendo palabras que den
a quien como tú llore, aliento.

Dame un abrazo. No es tan malo llorar a veces.
Nadie nos prometió una vida sin sufrimiento.
Y aunque nadie nos dijo nunca por qué morimos,
tampoco nos contó por qué nacemos.

Ahora dame la mano y miremos los dos juntos
aquella estrella que ayer no brillaba en el cielo.
Quizá entiendas que los mismos por los que se sufre tanto
son los que nos dan luego la mano y el consuelo.
No puedo amarte. Tiene estas cosas la vida.
Cosas tan tristes como el tiempo.
Más tristes que las propias lágrimas,
tan tristes como las lágrimas que se lloran hacia dentro.
Son pequeñas cosas que nos hacen separarnos:
una fecha, un amor, una palabra, un momento.
Cosas tan estúpidas como una estrella
tapada por una nube en una noche de invierno,
tan estúpidas como que amándonos
no nos amemos,
tan estúpidas como el que pasa por el mundo
derrochando los recuerdos.
Cosas como despedirse de alguien a quien no volveremos a ver
con un “hasta luego”,
cosas tan estúpidas como llorar
cuando alguien ya está muerto.

Y es triste pero tiene estas cosas la vida,
cosas como soñar con gente que jamás conoceremos,
cosas como enamorarnos, como amar en secreto,
cosas como escribir un diario
y jamás volver a leerlo.

No puedo amarte. No puedes amarme.
¿Por qué la vida deja que nos amemos?
Somos como el barco de vela
en un mar donde nunca soplará el viento.
Y acabaremos enamorándonos de otros,
encontrando incluso nuestro amor verdadero
y este amor sólo lo recordarán
estos estúpidos versos.

Y no pasará nada. Tendremos hijos,
seremos felices allá donde acabemos.
Lo único es que jamás podremos amarnos
porque tiene estas cosas la vida. Pero no hay remedio.